He de confesarlo; este es un libro al que nunca me habría acercado por mi propia voluntad. Se sale tanto de mi zona de confort que tenía serias reticencias para leerlo, y eso que, de vez en cuando, me gusta enfrentarme a cosas diferentes, que me den perspectivas nuevas de lo que es la literatura. Sin embargo, las recomendaciones del genial Sergio, de @latorredelaedros, acabaron por convencerme de que me sumergiera en sus páginas. Y no me arrepiento. Os cuento por qué.
Lo que el autor cuenta
Hombre-pez es un proyecto arriesgado, que solo puedo definir de una manera: hombre-pez soy yo. ¿Te atreves?
Lo que te contamos nosotros
Por dentro, esta es la historia de un viaje interior, el de Tobías, a quien un día le regalan un acuario con un pececito rojo como único morador. Este es el detonante con el que el autor comienza un viaje de introspección hasta las bases de lo que significa ser humano, pues el protagonista, poco a poco, se va desligando de los convencionalismos impuestos por la sociedad en busca de una existencia pura, acorde con sus nuevas aspiraciones.

Sin embargo, este viaje no lo cuenta él mismo, como cabría esperar, sino los personajes que lo rodean. Encontramos así a su mujer, Emma, para quien la transformación paulatina de su marido es una fuente de desasosiego constante; a Pedro, un hombre atrapado en una vida que no le satisface, para quien el protagonista supondrá un resorte para hacer lo que siempre anheló, y a su mejor amigo, Raúl, para quien el cambio de Tobías será el detonante definitivo que le permita mostrar su verdadera naturaleza. Todos ellos son tan protagonistas como el mismo Tobías, pues, en el espacio narrativo que el autor les concede, los vamos conociendo a través de lo que narran, de tal manera que, aunque la historia está por completo centrada en la evolución del hombre-pez, sentimos el cambio que se avecina en aquellos que comparten su camino.
Como novela intimista que es, en Hombre-pez el tiempo, a pesar de correr inexorable, parece detenido. Nada cambia y cambia todo. Tobías realiza una y otra vez las mismas rutinas obsesivas, mientras sus conocidos son los que marcan el paso de los días con sus intentos de reconectar con él, con su interés o con su rabia. En paralelo al tiempo narrativo, el espacio también parece fluir de manera suave, en una transición que nos lleva de la ciudad a la orilla del mar sin apenas darnos cuenta, gracias a unas descripciones envolventes, sutiles, mezcladas con la acción de forma magistral, como una buena salsa que da sabor al plato sin apabullar los sentidos.
Podría parecer que, con este cóctel, el lenguaje desplegado en la novela tenderá a la poesía, a una saturación de metáforas encadenadas y de imágenes impactantes, pero nada más lejos de la realidad. El autor nos narra su pequeña gran historia con un ritmo constante y palabras de todos los días, de manera que la lectura se hace ágil y perfectamente comprensible. De ahí la profunda huella que deja.
Por fuera, la novela tiene una longitud muy reducida (160 páginas) y está organizada en cuatro partes diferenciadas, cada una contada desde la perspectiva de un personaje distinto, en clara correlación con los tres momentos narrativos clásicos (planteamiento, nudo, desenlace y epílogo). Cada parte, a su vez, está dividida en capítulos breves, de tal forma que la lectura se hace muy ágil y el ritmo no decae en ningún momento.
Valoración general
Hombre-pez es una novela muy recomendable para todos los que quieran hacer un parón en el panorama literario actual y recrearse en una historia que da más preguntas que respuestas, que hace reflexionar y con la que se disfruta de la simbología que pueden albergar las palabras. Un viaje intimista del que no se sale indemne. Una experiencia que nadie se debería perder.
Lo mejor: El juego de perspectivas con el que el autor cuenta toda la evolución de Tobías es magistral. A través de él conocemos al protagonista, pero también a quien narra en cada caso, y nuestra empatía se dispara hacia ambos personajes de forma inevitable.
Lo peor: La repetición de algunos clichés, como el suegro controlador o el matrimonio vacío, me ha parecido un poco manida. No creo que todas las fuentes de infelicidad se deban a estos dos aspectos.
AVISO: ¡SPOILERS! EL FINAL DE LA HISTORIA
Para mí, Hombre-pez tiene dos finales. Uno, el brusco, el que sobreviene después del clímax en el que Antonio, haciendo uso de su crueldad, lleva a cabo la única acción que podría empujar a Tobías a cometer un acto violento. Se trata de un final muy abierto, puesto que no sabemos qué pasará con el propio protagonista, ni con su mujer o Raúl, pero, como lectores, descansamos. Nos quedamos satisfechos. Entonces viene ese epílogo que para mí es un poco ininteligible: ¿quién es Amanda? ¿Ha pasado el tiempo y es la hija de Emma? ¿Es alguien aleatorio a quien Tobías aborda, para cambiar su vida como cambió la de Pedro? Me quedé con una ligera inquietud, y toda la satisfacción que había sentido se me esfumó. Aunque, tal vez, eso era lo que pretendía el autor…
Otra gente ha escrito…
Hombre-pez es una novela muy valorada, que cosecha un sinfín de buenas críticas. Algunas de las que pueden leerse en Amazon y en la red Goodreads son:
- En sus pocas páginas, Hombre-pez se convierte en una exploración emocional, un viaje introspectivo que te obliga a mirar más allá de lo evidente, a cuestionar la propia naturaleza del ser humano. La opinión lectora
- Confieso que no esperaba que me fuese a gustar como lo ha hecho y es que es una obra muy intimista, reflexiva y que sabe jugar con el lector de una manera intensa por medio de la palabra. Fransy Guerrero
- Puede parecer un libro extraño, pero es íntimo, sensible y hermoso…como nadar en silencio. L. V. F.
- No esperaba que un libro tan pequeño, pudiera ser tan grande. Una historia diferente, que te atrapa y no puedes dejar de leer. Fue toda una sorpresa. Noemí